Cuando se piensa en los bosques, una de las primeras relaciones que se hace comúnmente es aquella de que son “los pulmones del planeta”. Y es muy cierto. Los árboles purifican el aire y contribuyen a la vida en la Tierra, no solo la de los seres humanos sino también la de infinidad de especies que dependen de ellos para su subsistencia.

Sin embargo, cuando se piensa en los bosques hay algo en lo que no se piensa. O que se lo medita muy poco. A lo largo de los siglos y en todas las culturas, chamanes, filósofos, artistas, amantes de la naturaleza, excursionistas… han alabado el poder terapéutico que ejerce sobre las emociones el contacto con la naturaleza.

Esto no es más que una consecuencia del contacto ancestral con la Madre Tierra pero que en los últimos siglos, y en Occidente especialmente, ha sido decreciente y en algunos lugares prácticamente nulo. Desde hace algunos años ya, la ciencia investiga en qué medida esta pérdida de contacto con la naturaleza afecta el comportamiento emocional de las personas y viceversa, cuando se da una aproximación constante a la misma.

Hoy ya no es un misterio que la salud mental se debilita en los seres humanos que están más alejados del mundo natural. La neurociencia confirmó aquellas sospechas sobre los beneficios increíbles para la salud de disfrutar de los ambientes naturales y está descubriendo los aspectos funcionales de la intrincada anatomía y fisiología del cerebro humano y como esta se modifica según los factores ambientales y a su vez influyen en la salud cognitiva y mental.

A raíz de estas investigaciones neurológicas, en Japón nació la práctica del Shinrin-yoku (un concepto que literalmente se traduce como "baño de aire de los bosques", o "caminar con el bosque con todos los sentidos"). Nacieron así los llamados senderos ecoterapéuticos, los bosques sanadores que rápidamente demostraron sus beneficios para la salud emocional.

Darse un ‘baño de bosque’ no solo puede ser una receta muy útil para combatir situaciones de ansiedad o de estrés, y científicos y médicos han comprobado ya los múltiples beneficios terapéuticos que puede tener para mejorar también otras enfermedades.

El contacto con los bosques maduros –aquellos en los que la intervención humana es muy limitada- propicia un aumento de las proteínas anticancerígenas, refuerza el sistema inmunitario, rebaja la adrenalina o reduce la tensión arterial, pero además ha demostrado su eficacia para mejorar el estado de salud y el bienestar de los pacientes con fibromialgia.

Conoce más al respecto en el video que se reproduce a continuación:

 

 

* Con información de EFEVerde y Terra

 

Denisse Espinoza

Denisse Espinoza

Amante de la naturaleza, la familia, los viajes y las tradiciones de los pueblos originarios. Comunicadora social, Web Master y Community Manager de IntiNetwork, busca encontrar su camino a través de los distintos senderos que el Universo le tiene preparado...
Denisse Espinoza